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Qué es el Baby Led Weaning

BLW... ¿Os suenan estas siglas?

Quizás sí, ya que últimamente aparecen a menudo cuando se habla de bebés que se inician en la alimentación complementaria. O bien no sólo so suenan, si no que lo habéis puesto en práctica con vuestro bebé. En cualquier caso, me gustaría dedicar esta entrada a hablar de ese proceso maravilloso en el que el bebé descubre un mundo nuevo a través de la comida. Sí, porque comer no es sólo alimentarse. Comer es también disfrutar, descubrir, aprender, experimentar... todas esas cosas que los bebés hacen continuamente, para ir avanzando en su desarrollo a todos los niveles.

¿Imagináis cómo se iniciaban en la alimentación sólida los lactantes de hace mucho muuuchos años? No había (como no hay aún en algunas poblaciones) posibilidad de triturar sistemáticamente alimentos de manera que adquieran una textura cuasi-líquida. Así que los bebés toman triturado, cuando lo come el resto de la familia. Pero cuando no, hay que "apañarse" con los alimentos tal cual, o como mucho con los alimentos previamente masticados por un adulto. 

¿Cómo funciona?

El bebé que es capaz de mantenerse sentado, al menos con apoyo, puede agarrar con sus manitas los alimentos, y llevárselos a la boca (al igual que hace con un montón de objetos que no son comida). Esa capacidad de dirigir su propio proceso le permite al bebé no ya tener control sobre la cantidad de come, y por lo tanto funcionar en base a su propio apetito, si no que le abre la puerta a experiencias sensitivas complejas y completas, como el trabajo de coordinación ojo-mano-boca, el desarrollo de la masticación y deglución, y un aspecto muy importante: el control de la voluntad. El bebé no es un sujeto pasivo de su alimentación, si no activo. La comida viene porque en el proceso necesario interviene la decisión, del propio niño, de llevarlo a cabo. El bebé explora, alarga la manita, agarra algo, lo mira, lo acerca a la boca, abre la boca e intenta meterlo en ella... una complejidad de intenciones bajo la apariencia de "juego".

"Está jugando con la comida", nos dirán, a menudo con cierto tono despectivo, como si comer fuera menos cuando es el "juego" el que guía.

Pero el juego, la experimentación sin intención concreta, es una potente herramienta de aprendizaje. Así que comer en base a su propia voluntad y esfuerzo enseña al bebé mucho más que el sabor o la textura del alimento en sí. 

La comida además tiene un aspecto social fundamental en nuestra vida como personas integrantes de una comunidad.

Cuando el bebé come algo completamente diferente a lo que come el resto de la familia, y lo hace en otro sitio y a otras horas, se ve privado de una importante experiencia sociabilizadora. Evidentemente, no todo lo que comemos habitualmente los adultos puede estar disponible para un bebé que apenas empieza a tomar contacto con alimentos sólidos. Tampoco podrá estar sentado en la mesa durante todo el tiempo que, a menudo, se prolongan nuestras comidas. Pero sí podrá compartir un rato en la mesa, y picotear de los alimentos que pueda disponer, y que para sorpresa de muchos padres, son más numerosos de lo que a priori puede parecer. 

A partir de aquí surge la pregunta evidente:  ¿Son necesarias las papillas? ¿Es la papilla una etapa imprescindible en el desarrollo del proceso de alimentación de un bebé? Según este planteamiento del BLW, evidentemente no. En un proceso evolutivo, parece razonable que el objetivo final sea que el niño aprenda a comer lo que comen los adultos, más aún si pensamos en ese aspecto social de la comida. Pero los adultos no comemos así, todo triturado. Así que ¿por qué hemos llegado a un inicio de la alimentación cuyo único componente, salvo la leche, son las papillas? El pediatra Carlos González lo explica estupendamente bien en esta charla, que os recomiendo ver (y además es muy entretenida): 

Así que podríamos hablar de BLW, o más bien de "comer normal", porque básicamente es de lo que va toda esta historia.

Comer normal es comer el alimento en su estado habitual, o tal como lo solemos preparar, adaptando si es necesario la cocción o el condimento. En realidad, cuanto más simple sea su preparación, mejor. Pero fuera de eso, los bebés pueden iniciarse con un número muy grande de alimentos, tan sólo hay que evitar algunos bien por riesgos claros de atragantamiento o bien por riesgo de alergias (frutos secos, por ejemplo).

Cuando nos acercamos a esta "alimentación guiada por el bebé" a menudo surgen preguntas como si así tendremos la seguridad de que recibe todos los nutrientes que necesita, o si hay un mayor riesgo de atragantamiento. La calidad del alimento al que acceda el bebé va a depender de la calidad de alimento que se consuma en la familia, así que la mejor manera de garantizar una alimentación sana y completa para el bebé, es que la alimentación de toda la familia sea igualmente sana y completa. Porque además hablamos de un proceso educativo fundamental para ese niño no ya en la etapa de bebé, si no durante toda su vida. Somos los modelos de nuestros hijos, los niños aprenden por imitación y la mejor forma de que ellos quieran probar ciertos alimento, es comerlos con ellos. 

En cuanto al atragantamiento, no existe más riesgo que en otra actividad cualquiera. Yo creo que incluso menos, ya que cuando los niños empiezan a probar aún están presentes ciertos reflejos (de extrusión) que resultan protectores. Las texturas de los alimentos son las reales, así que el bebé aprende a "marear" el alimento por la boca hasta poder tragarlo, en lugar de tragar sin más como sucede con los triturados. Así que quizás el riesgo de atragantamiento es mayor cuando se inicia la alimentación a base de triturados que cuando hay presentes alimentos de texturas diferentes. En esta entrevista podéis ver a Gil Rapley, autora del libro "El niño ya come solo", explicando ésta y otras dudas frecuentes: 

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