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Cientos de motivos y una promesa

Mi queridísimo Gabriel:

Hoy es 21 de septiembre, Día Europeo sin muertos en la Carretera, y aquí estoy yo, diez años después de haber emprendido mi camino en la búsqueda de la excelencia en materia de Seguridad Infantil en España, enfrentándome a un teclado y una hoja en blanco sin saber muy bien qué escribir.

Hoy se cumple un sueño que llevo una década esperando y que, por fin, se va a hacer posible gracias a la iniciativa del equipo de Ni un peque más en peligro y al apoyo de todos esos padres, profesionales y bloggers que he ido reclutando para mi causa durante estos últimos diez años.

Hoy por fin, todos ellos como si de una sola voz se tratara, van a inundar las redes sociales de una información valiosísima. El hashtag #yoviajoseguro se llenará de cientos de razones por las que llevaros en sistemas instalados de espaldas a la marcha el mayor tiempo posible. Porque solo en esa posición se puede garantizar vuestra seguridad. Porque la física es tan exacta como implacable, así que no entiende de edades, ni de sentimientos. A ella no le importa nuestra capacidad de amaros. Solo le importa nuestra eficacia para protegeros.

Y aquí me encuentro yo, el motor de arranque de esta iniciativa, esa chispa que ha empujado a toda esa gente a dar un triple salto mortal de confianza casi ciega en las palabras de una total desconocida, tratando de escribir la entrada que muchos de ellos esperan.  Una nueva y definitiva entrada en la que mis argumentos técnicos caigan como losas, rotundas, pesadas y  afiladas. Tan contundente. Tan vehemente. Tan certera. Tan… yo.

Y, sin embargo, no sé por donde empezar. Porque hasta hace casi dos años mi discurso estaba sostenido en los riesgos, ¿sabes?, en lo que puede pasar y en lo que hay que evitar para que no pase… pero nunca había tenido que mirar a unos padres a los ojos lamentando no haber llegado a tiempo para ellos. No haber llegado a tiempo para ti, bebé.

#yoviajoseguro_Gabriel1

Así que no… a pesar de todo lo recorrido, no estoy preparada para afrontar esto sin tu ayuda Gabri. Y por eso te escribo estas letras en el convencimiento de que tú nos darás la fuerza necesaria para cambiar la mentalidad de nuestro país con respecto a los SRI que se instalan de frente a la marcha (con arnés o escudo).

Porque, cuando se debate acerca de todo este asunto, nadie que no haya vivido una situación parecida imagina el profundo dolor de una familia que pierde a su hijo por culpa de un accidente de tráfico. El ser humano no está diseñado para empatizar con el dolor ajeno hasta ese punto. Ni siquiera yo, que soy especialmente sensible a este tema, era capaz de dimensionarlo hasta que conocí a tus padres apenas unas horas después de marcharte definitivamente.

Y verles hoy enfrentarse a su nueva vida sin ti, peleando como jabatos para encontrar algo de sentido a todo esto, me sobrecoge. Observarles luchar a diario por sostenerse sobre sus pies mientras sujetan a una Lara intrépida y retadora… que aprende a caminar por la vida sin una mano de su tamaño que la sostenga y la lleve por esos atajos que sólo los hermanos mayores conocen es duro hasta dejarme sin aire.

Por eso, un día como hoy en el que yo debería tener El Gran Texto preparado para la ocasión, que pusiera el broche final a diez años de caminata, no me sale otra cosa que pensar en ti. No estoy preparada para nada que no sea eso y he decido asumirlo y compartir contigo cómo me siento.

No puedo ver a tu madre llorar al recordarte mientras sus lágrimas se desdibujan suavemente entre las comisuras de unos labios apretados que luchan por mostrar una sonrisa a Lara, que se acerca mimosa a ella y se las seca con los deditos mientras balbucea sonriente: “No llores. Yo estoy aquí”

No estoy preparada para ver a tu padre cogiendo aire profundo y soltándolo despacio con los ojos cerrados instantes antes de enfrentarse a una cámara para hablar de ti y de lo que ha supuesto tu paso por sus vidas. Por nuestras vidas.  Y sostenerse firme en su intervención para desmoronarse como un niño pequeño una vez todo ha terminado.

No. Definitivamente, no estoy preparada para ver a Lara canturreando con un micrófono en la mano recostada sobre el sofá de mi tienda, sin que se me haga un nudo en la garganta por la similitud que esa visión tiene con el video tuyo que compartí en mi página de Facebook el día que anuncié, a miles de personas, tu partida.

Lo he visualizado cientos de veces, ¿sabes?, saboreando cada paso que dabas por la salita. Cada gesto de artista en potencia. Contando las rayas del body que llevabas desabrochado sobre el pañal. Ese flequillo castaño rozando tus cejas que no se inmutaba mientras tú exhibías sin pudor las ganas de comerte el mundo, a grito pelado, a pesar de no pronunciar aún palabras inteligibles. No las necesitabas porque tus ojos ya hablaban por sí solos y decían: “¿Me veis bien? Yo marcaré la diferencia”.

¿Acaso alguien está preparado para vivir algo así? Yo creo que no. Y pienso que, si no se está preparado para asumir las consecuencias, no se deberían asumir ciertos riesgos.  Los hijos no sois una propiedad, sois un regalo. Una oportunidad para hacernos mejores personas. No hay razón por la cual, un riesgo identificado y reconocido, deba ser asumido como algo “opinable”.  

Consciente, ahora sí, del antes y el después son muchos los sentimientos que se me agolpan en el pecho mientras te escribo, ¿sabes?,  rabia, dolor, impotencia… pero ninguno de ellos encaja contigo. Tú eres todo valentía, alegría y generosidad.  Así que no voy a permitir que mis limitaciones de adulta dolida y frustrada por lo que ocurrió, interfieran en esta pequeña conversación.

Así que viendo que no estoy preparada para otra cosa que no sea recordarte, he decidido dejar que en un día tan especial como hoy, sean otros quienes aporten todos los motivos del mundo para manteneros a contramarcha. Quienes queden a la espera de recibir todas las excusas del mundo para no hacerlo. Hoy no voy a dedicar ni un ápice de mi energía en tratar de rebatir a aquellos que opinan lo que un coche puede o no hacer y lo que un niño puede o no resistir. Como si a la física le importara nuestra opinión ¿verdad? Que te lo digan a ti…

No. Yo solo quiero escabullirme entre toda esta multitud que gritará sin descanso nuestro mensaje, para hacerte una promesa en voz baja:

Hoy 21 de Septiembre de 2016, te prometo a ti, Gabriel López  Chamorro, vikingo surfero de arco-iris imposibles; artista de canciones inacabadas y sonrisa inagotable; dueño y señor del trébol de cuatro hojas que ha esperado siglos hasta verse completado con tu mirada pícara, que voy a mantener tu recuerdo coronado con esa sonrisa eterna que nunca perdiste.
Porque en aquel fatídico 3 de noviembre te lo arrancaron prácticamente todo menos tu sonrisa.  Esa sólo te pertenecía a ti ¿verdad? Bien claro que lo tuviste. Te adueñaste de ella manteniéndola como símbolo de lo que eras. Como si toda tu esencia estuviera concentrada en esa pequeña parte de ti. Como si lo único que verdaderamente te importara es que te recordáramos feliz. Así que te prometo que cuando piense en ti, sonreiré contigo. Porque después de tanto mirar tus fotos, he entendido que eso es lo único que no falta en ninguna de ellas. ¿Tan importante era para ti Gabri?  Pues deseo concedido. 
Te mando un beso pequeñajo. Espero que te llegue. No tuve el valor de dártelo personalmente. Dolía demasiado y me asusté. Pero, ¿sabes qué?, a mí tus besuguitos me llegaron todos. Directos al corazón.
Cristina

 

 

Podéis conocer la historia de Gabriel aquí.

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